Apenas había comenzado el siglo XX cuando un ilusionista llamado George Méliès decidió transformar el concepto del cine a través de la incorporación de los efectos especiales y los códigos narrativos en sus obras, siendo una de las más representativas “Viaje a la luna”, de 1902.

A través de la que ha sido considerada primera película de ciencia-ficción de la historia, el “mago” consiguió demostrar al mundo que el hasta entonces “insignificante” invento de los Lumiérè podía ser algo más que un instrumento para captar imágenes en movimiento, logró que el cine no solo seleccionara y presentara la realidad, sino que elaboró su propio lenguaje para contar historias; historias con su planteamiento, nudo y desenlace, con sus personajes, con su tiempo y su espacio, con sus acciones y sus reflexiones.

“Viaje a la luna” ha sido considerada primera película de ciencia-ficción de la historia.

En definitiva, dejó de mostrar una realidad fragmentada y creó la suya propia. Pero la identificación del espectador con las historias, con los personajes… ¿Es acaso menos real que situar una cámara en un punto previamente seleccionado y grabar sin más lo que allí sucede? ¿No es cierto que el cine ha ido evolucionando al paso que la sociedad? Se puede decir que es, incluso, reflejo de ella. Entonces “Viaje a la luna”, una de las películas pioneras en introducir la manipulación en el cine, ¿no es también un reflejo de la más instintiva condición humana, la curiosidad por explorar nuevos territorios excediendo los fronteras físicas?

Pat Ferrero
Asociación D-spiert@

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