Rodolfo Herrero nació en Reinosa, como el Ebro. Y como el río, nació en tierras cántabras para dejarlas muy pronto, en este caso, para pasar a convertirse en un burgalés de Alar del Rey primero, y en leonés de adopción después. En todos esos años, el joven creativo que lleva dentro, no deja de desarrollarse y jamás dice no a un proyecto que le interese. Asegura que su infancia fue ‘oscura’, pero yo creo que estuvo llena de luz, de la luz de unas ideas que no dejaban de surgir y de convertirle en la persona creadora y entusiasta que es hoy.

De los primeros proyectos de la adolescencia al director actual han pasado muchas cosas y todas ellas le han creado un poso que él no se cansa de reflejar en sus creaciones. Primero fue la edición del fanzine SEaMEN CRITICOs, que edita y dibuja junto a su colega Willy, y que llena algunos años trascendentales de su desarrollo creativo. Y luego, su participación en películas de corta duración en VHS, que con su visión ya entonces muy particular, no dejaba títere con cabeza, y se anima con temas tan poco convencionales como la coprofagia o tan perturbadores como la soledad, las drogas o el suicidio.

Luego llega el gran paso: decide que la creatividad audiovisual es lo suyo y se viene a León a vivir, donde realmente comienza su carrera y empieza a hacerse notar. Sus trabajos personales y sus participaciones en proyectos de amigos y jóvenes creadores, le valen un nombre en la capital leonesa, que poco a poco va convirtiendo en su cuartel general.

Hoy Rodolfo Herrero tiene casi una decena de trabajos a sus espaldas, colaboraciones diversas, y mucha experiencia de la que presumir. Pero lo más importante, es que tiene proyectos en la nevera que no va a dejar de convertir en realidades. A sus obras anteriores (“No es que no pueda”, “Amargo porvenir”, “Culpable”) se le sumarán muchas otras pequeñas joyas que tocarán tantos temas como los que ya ha querido revisar con sus obras.